INTRODUCCIÓN

Aunque el primer transporte de correo por ferrocarril se inicia por R. O. de 19 de agosto de 1851 en el trayecto de Madrid a Aranjuez, y más tarde se extiende al de Mataró, por R. O. de 10 de diciembre de 1853, la primera referencia al correo ambulante se encuentra en una R. O. de 17 de marzo de 1854 autorizando la construcción de dos vagones especiales para el ferrocarril del Mediterráneo con origen en Madrid. El 27 de julio de 1855 se crea la primera Estafeta "para que el servicio de la correspondencia en el trayecto del ferro-carril del Mediterráneo hasta Albacete pueda hacerse con la regularidad y exactitud que su importancia requiere, y á fin de que las poblaciones situadas sobre la línea disfruten de las ventajas que ofrece este nuevo método de comunicacion". La sirven tres administradores, tres ayudantes y un ordenanza.

El 17 de septiembre de 1855 tiene lugar el primer servicio entre Madrid y Albacete en un viaje descendente, según manda la circular de la Dirección de Correos del día 10: "La seccion ambulante que parta de Madrid en direccion de AIbacete, tomará el nombre de ambulante descendente, y la que vuelva á Madrid, el de ambulante ascendente". Aparece, así, la primera Ambulante, la del Mediterráneo, que acabará uniendo la capital con Valencia.

Progresivamente, a medida que se extiende la red de ferrocarril, en una distribución radial con centro en Madrid, se van creando diferentes ambulantes. En 1866 el desarrollo de la red obliga a una primera reforma en profundidad y, a tal fin, la Inspección de Postas y Correos eleva un exhaustivo informe a la Dirección General en el que aparecen reestructuradas las ambulantes en servicio con una propuesta organizativa.

La consecuencia de dicho informe es el primer Reglamento de las Administraciones Ambulantes, de 4 de diciembre de 1866, que divide las administraciones ambulantes en líneas generales o de primera clase y líneas transversales o de segunda. Son de primera clase la del Norte, la del Mediterráneo (Madrid a Valencia, Alicante y Cartagena), la de Andalucía (Madrid a Cádiz), la de Aragón y Cataluña (Madrid a Zaragoza y Barcelona) , la de Extremadura (Madrid a Badajoz) y la de Valencia a Barcelona. Son de segunda la de Isabel II (Valladolid a Santander), de Bilbao a Castejón, de Zaragoza a Alsasua y de Córdoba a Málaga. El Reglamento, además, fija la estructura y obligaciones del personal que sirve las ambulantes.

El 18 de agosto de 1870, la dificultad de gestionar una red que crece tan rápidamente favorece la publicación de un nuevo Reglamento que, además de perfeccionar el funcionamiento del servicio, amplía el número de líneas, clasificándolas en Líneas Generales (verde), Líneas Transversales (rojo) y Ramales (violeta).

Posteriormente se van añadiendo otras que, a modo de red, van conectando nuevos recorridos que permiten distribuir pasajeros, mercancías y correspondencia hasta los últimos rincones de la geografía. El despliegue de ambulantes será ya imparable hasta la primera parte del siglo XX.

En 1891 un nuevo Reglamento de Comunicaciones dedica su capítulo VII a las estafetas ambulantes.

En la década de 1930 se instauran Ambulantes en las líneas marítimas más importantes y, en abril de 1953, comienza el despliegue de Ambulantes por carretera para servir a aquellas localidades que no disponían de conexión con la red ferroviaria o las que, por motivos estacionales, precisaban de una atención más intensa.

La Ordenanza Postal, aprobada por Decreto 1113/1960, de 19 de mayo, cambia la denominación de las Estafetas Ambulantes por la de Oficinas Móviles.

El 30 de junio de 1993 partía de Chamartín, en el expreso Madrid - Málaga, la última Ambulante ferroviaria. Se cerraba así uno de los capítulos más interesantes de la historia postal española.


Nota final: Una vez más quiero agradecer a mis compañeros del Ágora de Filatelia su enorme contribución al avance de este estudio.